Estar en el mundo: Joseph Beuys

coyote Estar en el mundo: Joseph Beuys

Joseph Beuys, “Coyote”, 1974. René Block Gallery de Nueva York

Joseph Beuys es, sin duda, es el artista que mejor ha representado la voluntad de “estar en el mundo”, a través de acciones chamánicas y de lecciones inspiradas, convencido de poder practicar un arte de masas.

El artista alemán encarnó la aspiración de la vanguardia y las expectativas del público en su relación con la figura del artista. Beuys ha sido el exponente más significativo de un arte que no quería sentirse encerrado en el gueto de su propio territorio estético, sino que pretendía forzar las fronteras que lo separaban de la vida y sobre todo de la vida social. Sus experiencias personales ejercieron profunda influencia sobre él e inspiraron sus acciones artísticas: tras precipitarse con su avión durante la guerra, fue salvado en la estepa rusa por las poblaciones tártaras nómadas, que lo iniciaron en prácticas chamánicas. Así, desde mediados de los años cincuenta su obra muestra huellas de estos recuerdos, en forma de materiales orgánicos ligados a la experiencia vital. En los años sesenta es uno de los artistas del grupo Fluxus. Luego, sus obras/acciones adquieren un sello personal, en la tentativa de educar a cuantos pretenden acercarse al arte como medio de liberación personal y social.

La revolución somos nosotros” y “Kunst = Kapital” son algunas de sus declaraciones más conocidas. Pasar una semana en compañía de un coyote, o “explicar el arte a una liebre muerta” son algunas de sus performance mas recordadas. En esta acción el artista expone juntas la imagen de la muerte -la liebre y su propia cabeza cubierta de grasa blanca- y la imagen de la Pietá en la ternura con que sostiene en brazos al animal. En este sentido la relación con los animales -reiterada en muchas acciones de Beuys- muestra su vocación ecologista (fue uno de los fundadores del Partido de los Verdes) y una voluntad de diálogo con la naturaleza.

Beuys Estar en el mundo: Joseph Beuys

Joseph Beuys “Cómo explicar el arte a una liebre muerta”, 1965, Galería Schmela, Düsseldorf

Su personalidad y su obra mostraron una congruencia legendaria entre vida y arte. Fue el resultado del sentimiento global y evolucionista de un hombre que unificó todas las contradicciones de nuestra época en sí mismo, en un intento de superarlas, de reconciliar la razón con la imaginación, el mito con la realidad, la ilustración con la magia, la historia con el momento presente.

Dibujante y pintor, escultor, creador de objetos, enviromnents, artista de happening, fluxus y de acción, cofundador con Heinrich Boíl del «Free International College of Creativity» (Universidad Libre Internacional de la Creatividad), un hombre profundamente político y religioso. Las actividades artísticas profundas, melancólicas aunque optimistas, muy complejas y muy alemanas de Beuys, cuyas raíces se pueden remontar al simbolismo mágico de la prehistoria, van mucho más allá de su predilección, citada a menudo, por la obra de arte total. Beuys imaginó una sociedad, «en que el arte experimentaría una síntesis y sería adoptado» por «la sociedad como una escultura de potenciales humanos», de la misma manera que, anteriormente, los pensadores cristianos imaginaron una comunidad en que el arte experimentaría una síntesis con la fe y sería adoptado por ella.

La obra increíblemente sensible de Beuys en dibujo y pintura, directa, que evitaba conscientemente el virtuosismo y la sofisticación y combinaba lo tónico con lo cósmico, ya contenía el pensamiento visual y los diseños de este «mundo posible» de forma resumida. El profesor de Beuys en la academia, Ewald Mataré, que nunca pudo ni quiso aceptar el camino que tomó su principal estudiante, en cierta ocasión imaginó a Beuys proclamando: «Ya estoy harto de obras de arte estéticas; voy a hacer un fetiche». Esto no sólo se puede aplicar a las esculturas y objetos de Beuys, desde la Materia euroasiática hasta la Abeja reina, sino también a la mayoría de sus dibujos y maravillosamente bellas acuarelas. Contenidos, con líneas de una fragilidad sumamente sensible trazadas sobre papel vulgar, a veces papel para borrador, a menudo recuerdan realmente a «huellas sobre la arena», como dijo Mataré.

El resultado del estudio por parte de Beuys de la his¬toria natural, sus colecciones de animales totémicos (liebre, ciervo, ante, cabra salvaje, cuervo, abeja), leyendas nómadas, rosas y cruces, figuras y símbolos paganos y cristianos, figuraciones astrales antroposóficas, instrumentos chamanísticos, máquinas calefactoras, trineos, mujeres de los páramos y manifestantes muy contemporáneos: todo ello aparecía en los dibujos, que parecían estudios preliminares para obras posteriores en tres dimensiones y acciones en el espacio público, en la medida en que eran anotaciones precisas, en realidad nada desapasionadas, de consideraciones intelectuales y formales.

El arte románticamente visionario, mágicamente evocativo de Beuys, su rostro y personalidad carismáticos, marcados por una herida de guerra y por un esfuerzo intelectual, la lógica de sus acciones, no sólo inspiraron a muchos de sus estudiantes y colegas, sino que configuró la imagen del artista alemán contemporáneo. Los límites tradicionales entre los géneros del arte que Beuys traspasó no parece que vayan a volverse de nuevo impermeables. En un programa de televisión emitido tras su muerte, uno de los participantes preguntó qué quedaría de «Beuys después de Beuys», de la parte transitoria de su obra, que naturalmente no se puede reducir a cuadros estáticos u objetos. El propio Beuys dio la respuesta, cuando puso en duda el tan pregonado «valor eterno» de las obras de arte, incluyendo la suya propia. En su opinión, cada obra que hacía era un modelo, el modelo de una idea. «Porque estos productos», dijo Beuys, «sólo son realmente registros, documentos, productos de este proceso de hacerse consciente, de la misma forma que considero que los productos en general son resultados de pensamientos»

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