Grupo “El Paso”, arte vivo

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“Humboldt en el Orinoco”, Manolo Millares, arpillera, 65×81

 

El Paso es una agrupación de artistas plásticos que se han reunido para vigorizar el arte contemporáneo español, que cuenta con tan brillantes antecedentes, pero que en el momento actual, falto de una crítica constructiva, de <marchands>, de salas de exposiciones que orienten al público y de unos aficionados que apoyen toda actividad renovadora, atraviesa una aguda crisis.

El Paso organizará una serie de exposiciones colectivas e individuales, de pintura, escultura, arquitectura y artes aplicadas, en un vasto programa a desarrollar paulatinamente, así como también homenajes a los artistas que nos enorgullece considerar como nuestros maestros. Fin primordial de nuestra tarea es la formación de un salón anual agrupando a todos los artistas, tanto españoles como extranjeros, que consideremos de interés, y la publicación de un boletín de información y divulgación de las modernas corrientes del arte contemporáneo.

Escritores, cineastas, músicos y arquitectos serán llamados entre nosotros a fin de que nuestro trabajo sea más completo y nos ayuden en nuestra búsqueda y en la formación de una juventud entusiasta, hacia la cual va especialmente dirigida nuestra actividad desinteresada. Nuestro solo propósito es favorecer el desarrollo de tantas posibilidades que yacen enterradas en una atmósfera plásticamente superada.

El Paso no se fija en determinada tendencia. Todas las manifestaciones artísticas tendrán cabida entre nosotros. Con este fin, hemos reunido cuanto en la actualidad creemos válido, con un criterio riguroso, mirando hacia un futuro arte más español y universal”.

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Así decía este manifiesto de febrero de 1957, firmado por Rafael Canogar, Luis Feito, Juana Francés, Manolo Millares, Antonio Saura, Manuel Rivera, Pablo Serrano, Antonio Suárez, Manuel Conde y José Ayllón. Los términos en que se expresa son los habituales en un grupo que pretende romper con la situación dominante, esa atmósfera plásticamente superada, e iniciar una serie de actividades que puedan dar solidez a sus propuestas. Muchas de estas actividades no llegaron a realizarse, como tampoco se produjo ese acercamiento entre pintores, escritores, cineastas, etc., que se reclamaba. “El Paso” fue un grupo de artistas plásticos, con una presencia destacada en el mundo de las artes plásticas y con una resonancia notable en los demás ámbitos culturales. Frente a su pretensión inicial, no fijarse en una tendencia determinada, “El Paso” se convirtió de hecho en un grupo de tendencia, el informalismo, la orientación más vanguardista en aquellos momentos. Antonio Saura, que con Manolo Millares fue uno de sus grandes animadores, ha indicado que “El Paso” actuó de catalizador para muchos de sus componentes, artistas que todavía no habían configurado definitivamente su lenguaje plástico.

Se debate sobre cuál fue el punto de partida de la creación de “El Paso”, qué artista, cuál era su contenido político, si es que tuvo alguno, cuáles las razones precisas de su disolución, etc. Lo admitido comúnmente es: la idea de “El Paso” tiene su origen en Antonio Saura, su contenido  político es impreciso, pues el grupo como tal es independiente y algunos artistas ven con sumo recelo los planteamientos políticos. Por último, las causas de su disolución son variadas y se articulan con extrema complejidad: desde la conciencia de una cierta manipulación hasta el cansancio, las rivalidades propias de un grupo profesional, la afirmación de una tendencia estilística, etc.

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Como quiera que sea, “El Paso” se convirtió de inmediato en la máxima expresión del nuevo arte español. Es posible que en este proceso hubiera un componente de manipulación por parte de las instituciones, pero como grupo, era efectivamente la máxima expresión del arte español de vanguardia.

Además de la calidad, existe otra razón para hablar de nuevo arte español: buena parte de la pintura y escultura de los miembros de “El Paso” tenía un marcado acento español: dramatismo, cromatismo, énfasis realista, expresividad, etc. Las imágenes de “El Paso” permitían una lectura que se impuso de inmediato, original y tradicional a la vez, una lectura que fascinó a la crítica europea y norteamericana, y que era más fascinante y tópica porque España era un país desconocido, aislado política y culturalmente, un misterio que ahora parecía desvelarse.

Las arpilleras de Millares y los iconos de Saura enlazaban con nuestra historia y nuestra tradición cultural. La gestualidad de Canogar  queda definida así en un texto de Manuel Conde: “ Rafael Canogar ha comprendido la importantísima aportación de pintores como Pollock, Still o Rothko, a la manera española, es decir, creando una pintura llena de resonancias de la naturaleza, que nos es revelada a través de una austera y jugosa dicción pictórica. Su lenguaje es refinado y al mismo tiempo elemental… Este pintor es un ejemplo, en mi opinión, de vigor plástico; para él la forma siempre libre, liberada mejor, de trabas conceptuales, es un pretexto para organizar el color con una expresividad y potencia singulares” (Conde, 1957).

También Feito, que residía en París, hace una pintura española. Según Conde: “Luis Feito, actualmente incorporado al grupo de la galería Arnaud de París, continúa su evolución segura hacia una cada vez más limpia concepción de la plástica, serena y quieta como un espejo sobre un agua tranquila. Feito reúne en su pintura las características quizá más acusadas del misticismo español”.

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Incluso Antonio Suárez y Pablo Serrano  se perciben en este horizonte: “Antonio Suárez, también sugestionado por el valor expresivo del gesto caligráfico, que conduce los más hondos pensamientos del hombre, refleja en su pintura una preocupación evidente por la materia rica, palpitante…”, “Pablo Serrano, el único escultor del grupo, nos ha demostrado que la línea iniciada por Julio González y continuada por Chillida, el otro gran escultor español contemporáneo, puede ser desarrollada con una personalidad, una fuerza expresiva verdaderamente importantes”.

Vigor, expresión, sobriedad, austeridad, misticismo, elementalidad, potencia, naturaleza, etc., serán los términos que los críticos emplearán con profusión al hablar de los componentes de “El Paso”. El abandono del grupo por parte de Juana Francés, Serrano, Suárez y Rivera, la incorporación de Viola y Chirino, no hacen más que ahondar en ese marco. En concreto, la pintura de Manuel Viola (1916-1987) se afirma como una exaltación de ese españolismo místico y dramático. La escultura de Chirino es más compleja, pero permite también un acercamiento, aunque sea parcial, desde esas posiciones.

Por lo que se refiere a los artistas que abandonaron el grupo a los pocos meses de su formación, hay que decir que la pintura de Juana Francés (1927-1990), en la órbita de la poética del informalismo, osciló siempre al magicismo, que luego, en los años sesenta, iba a imponerse de forma más decidida. Manuel  Rivera (1927) creó una obra difícilmente comparable a la de otros artistas: con tela metálica, alambre, hierro, chapa metálica, etc., jugaba con el espacio, la atmósfera, la densidad atmosférica y el cromatismo en imágenes que hacían pensar en su Granada natal y en la tradición de la pintura renovadora andaluza.

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